viernes, 21 de abril de 2017

EQUIVÓCATE, PERO FUERA CULPAS






       Lección número uno para no sentirte culpable contigo mismo: no cometas de nuevo los mismos errores. Comete otros, mete la pata de diferentes formas, pero nunca caigas una y otra vez en lo mismo. Si te es posible, procura no repetir los mismos comportamientos, idénticos patrones de conducta, porque si ya fallaron una vez, ¿a qué reproducirlos? Eso no significa que no vuelvas a tropezar, incluso con la misma piedra. Porque hay piedras y piedras. Las hay que se encariñan con el pie. Y hay pies que rondan el empedrado. Luego hay piedras que no lo son tanto y que a un pequeño roce se vuelven polvo. Y por supuesto hay piedras preciosas. Si has de tropezar, tropieza, pero con inteligencia esa vez, desde otro ángulo y con una inclinación del empeine mejor calculada. Y asume que jamás tendrás garantías de éxito, nadie las tiene. Te arriesgas a volver a frustrarte con una profesión que te apague. Te arriesgas a que no se te renueve el contrato. Te arriesgas a pasar por tu décima ruptura sentimental. Te arriesgas a enfrentarte a quien durante años guardó tus secretos y fue tu amigo. Te arriesgas a divorciarte por tercera vez y a llorar por ello. Eso está escrito desde que pusiste un pie en el mundo. ¿Puedes sortearlo? Absolutamente imposible. Pero sí puedes minimizar la culpa si eso ocurriera así. Observa qué salió mal en tus experiencias pasadas y por qué, y una vez reconocido déjate la piel en no caer en lo mismo en las siguientes. Ya sabes en qué fallas. Conoces qué te daña. Identificas cuál de tus actitudes boicotea el curso de las cosas, así como qué trampas te pones a ti mismo. Muy bien, ya está. Eres humano. No pasa nada. Pero deshazte de ello. Si eras frío, trata de ser más cálido. Si eras hermético, ¡ábrete y habla! Si funcionas mal en equipo, trata de escuchar las ideas ajenas. Yo qué sé,… busca el remedio y no te resignes, porque ya me contarás de qué sirve haber sido engullido por una experiencia mala, si no aprendes nada al respecto. Dolor inútil. Y responsabilidad no acatada. ¿Primera víctima? Tú mismo. Así que no, no tires la toalla, que este show no ha terminado aún. Ni mucho menos. Pero no se te ocurra volver a equivocarte con la misma cantata de siempre. Cambia el guión






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